Muchas veces, cuando paseo por Oviedo me quedo observando a la gente que pasa. Es interesante, de vez en cuando, bajarse de la prisa cotidiana y pararse a ver a los demás.
Siempre me ha llamado la atención esa generación de “super-abuelas”, que parecen mantener nuestro sistema de atención, y que además lo hacen en silencio. Me explico. Si te sientas en el banco de un parque, verás muchas mujeres de mediana edad, que se ocupan de sus nietos y nietas, mientras los padres trabajan y que se ocupan de sus padres, hermanos o allegados, a los que dedican gran parte de su esfuerzo y de su tiempo. Son unas auténticas heroínas cotidianas. Pero ¿hasta qué punto es justo que eso sea así?
La sociedad del bienestar en la que vivimos ha propiciado una longevidad impensable hace un siglo, y esa longevidad lleva aparejadas una serie de necesidades especiales, una serie de prestaciones que se ponen encima de la mesa como una reivindicación justa por parte de todas esas personas que no dependen sólo de sí mismas para desarrollar su vida: mayores, discapacitados…
Esas reclamaciones han caído en saco roto durante mucho tiempo, y han sido las mujeres, sobre todo, quienes han asumido el papel y la responsabilidad de prestar atención, cuidados y tiempo a esas personas dependientes, quedando la responsabilidad dentro del círculo familiar en todos aquellos casos en los que no se puede afrontar el elevado coste que supone pagar un servicio externo. Miles de mujeres cargan con la losa de una responsabilidad enorme y pesada. Pero ha llegado el momento del cambio, porque el Gobierno de Zapatero ha aprobado una ley, la llamada Ley de Dependencia, revolucionaria, que va a proporcionar los medios para que las personas dependientes puedan desarrollar su autonomía fuera del círculo familiar. Es decir, nace el derecho de las personas dependientes a recibir una prestación pública que les ayude a desarrollar su vida, eligiendo si quieren que siga teniendo lugar dentro del círculo de la familia, o fuera de él.
Estamos asistiendo a un momento tan histórico como pudo ser el establecimiento de la educación básica, universal y gratuita en el 85, la creación del Sistema Nacional de Salud en el 86 o el sistema de garantía de las pensiones en el 90. Toda una revolución que pone en pie el cuarto pilar del estado del bienestar, que robustece nuestra solidaridad y nuestra cohesión interna y que crea nuevos derechos para las personas.
El uno de enero entra en vigor esta ley, que supondrá una inversión de 25.000 millones de euros, que crea el Sistema Nacional de Dependencia, para organizar y establecer la prestación de servicios como la teleasistencia, la ayuda a domicilio o los centros de día.
A partir del uno de enero de 2007 cualquier ciudadano tendrá derecho a recibir la ayuda que necesite para poder desarrollar su vida de una manera autónoma. Eso significa que las instituciones asumen su responsabilidad y liberan a las familias. Ninguna persona dependiente se quedará sin cobertura asistencial por razón de ingresos.
Yo me pregunto cómo tiene pensado desarrollar y aprovechar esta oportunidad este Ayuntamiento… En este tema, como en otros muchos, el papel que juega la administración que más cerca está de quien necesita esas prestaciones, los ayuntamientos, es fundamental. Deben mostrar una actitud constructiva, abierta, de total cooperación con las administraciones que pondrán encima de la mesa el grueso de la financiación, es decir, unos 25.000 millones de €. Si no, serán responsables de dificultar el acceso de quienes lo necesitan a ese nuevo derecho.
Yo sí sé que la prioridad cuando yo sea alcaldesa será llegar al máximo entendimiento, a la cooperación más estrecha para que los ciudadanos y las ciudadanas de Oviedo puedan aprovecharse al máximo de este nuevo derecho. Este tren, no estamos dispuestos a perderlo.
Mis respuestas…
Quiero decirte Casín, que en esta ocasión no estoy muy de acuerdo contigo. La verdad es que no tengo pensado “educar” a la gente mayor de Oviedo, más bien me gustaría aprender muchas cosas de ellos y estoy plenamente convencida que “ese grupo de votantes” como tu dices, tiene todos los recursos necesarios y la capacidad de reflexión suficiente como para elegir la opción política que mejor le convenga.
Me gustaría detenerme un poco en las reflexiones que hace Andrés. Hay al menos tres cosas que me han llamado la atención de ese comentario y las comentaré por orden. En primer lugar es bastante probable que un comentario mío pueda generar desilusión porque de hecho lo difícil es lo contrario y desde luego no siempre se puede lograr generar ilusión. También es bastante probable que mis opiniones coincidan con las opiniones de Pepe Blanco o de cualquier otro socialista, es que yo soy socialista!! y lo que sería realmente curioso es que tuviéramos opiniones contradictorias o muy diferentes. Desde luego acerca de la Ley de Dependencia, mucho menos.
Hay una segunda cosa que dice Andrés- sin llegar a expresarla así- relacionada con ese discurso bastante frecuente según el cual “todos los políticos son iguales”. Esa especie de “oleada intelectual” que sostiene tal cosa a mi me ha revelado siempre y os animo incluso a que la comentéis. Mira los políticos defendemos diferentes prioridades que es lo que importa, lo que realmente hace que a la hora de votar la gente pueda elegir entre un proyecto y otro. Naturalmente que en lo personal somos muy diferentes, porque pensamos de forma distinta, tenemos diferentes edades, culturas etc, aunque no estoy segura de que eso sea lo más importante. Afortunadamente ya no estamos en el siglo XIX y los políticos de una opción y otra, no presentamos sesgos de clase social tan diferenciados, pero seguro, seguro que no somos iguales y si hablamos de cosas como la Ley de Dependencia mucho menos, porque esa Ley la aprobó el Partido Socialista y nada impedía que la hubiera aprobado el Partido Popular que estuvo gobernando ocho años en España y en ese tiempo cayó espectacularmente la inversión social en nuestro país hasta colocarse en uno de los últimos lugares de Europa. Desde luego para todas las familias que se van a ver afectadas, no es lo mismo un Gobierno que otro. Para mí tampoco.
Y la tercera cuestión interesante que plantea Andrés es sobre el viejo debate de las listas abiertas. Mira, te contestaré con sinceridad. A mi siempre me ha parecido que un sistema de listas abiertas podría tener mucho sentido en unas elecciones Municipales. En ese ámbito de elección que es más cercano y más pequeño, el votante puede calibrar la capacidad y representatividad de los Concejales en función de informaciones y percepciones muy personales y por tanto podría ayudar no sólo a elegir la mejor opción, sino el mejor equipo y el más representativo. Ahora bien, la generalización en todas las elecciones de las listas abiertas tiene riesgos y es importante conocer esos riesgos, porque podrían llevarnos a una carrera de populismo que sería difícil parar. En nuestro actual sistema de partidos- que no es perfecto, como no lo es ningún sistema- la gente tiene al menos la garantía de que detrás de una persona hay un proyecto, una idea y una historia. Por ejemplo, yo puedo no conocer a Zapatero de nada y no tener de él más información que la que trasladan los medios, pero junto con esa información, Zapatero es la opción del PSOE y el PSOE ha representado en este país determinadas cosas y es desde esa perspectiva desde la que yo voto y desde la que exijo como ciudadana que se Gobierne. Si Zapatero o cualquiera de su lista fuera sólo una opción personal, una imagen, podríamos valorar si nos caen bien o mal, pero no podríamos exigir determinadas coherencias en las cosas que se hacen, porque al final dependerían de “su imagen” y no de las ideas que representan.
A Alaurin, simplemente quiero decirle que gritar más no es igual a tener más razón y reiterarle que se me va a oír, que no se preocupe que mi voz se va a oír con claridad. A Pelayo, recordarle que sí, que desde un Ayuntamiento se puede y se debe aprovechar un marco jurídico como la Ley de Dependencia, que no es cuestión de recursos ( los recursos de la ley los proporciona el Estado y las Comunidades Autónomas), sino de voluntad y desde luego no temo ser Alicia. A Fina decirle que en casi todos los comentarios que he hecho he hablado del bable. Sí vamos a hacer propuestas muy concretas sobre la identidad cultural de los ovetenses y sobre el bable, que van a incluir desde la Toponimía hasta la regularización de su uso. Por cierto no recuerdo que en esa materia se haya hecho nada en esta ciudad en los últimos 15 años. Lo digo porque a veces, tal parece que a algunos se nos exigen ciertas cosas y a otros no.